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Del laboratorio a la empresa: ¿por qué tantas tecnologías no logran salir?

En universidades y centros de investigación se desarrollan constantemente nuevos materiales, algoritmos, dispositivos, procesos y soluciones con un enorme potencial. Sin embargo, muchas de esas tecnologías nunca llegan a utilizarse fuera del laboratorio.

Algunas terminan en una publicación científica. Otras se convierten en patentes. Muchas quedan almacenadas en repositorios, esperando que alguna empresa descubra su valor.

Esta situación plantea una paradoja: una investigación puede ser técnicamente sobresaliente y, aun así, no convertirse en una innovación.

La pregunta no es únicamente si la ciencia es excelente. La verdadera pregunta es si ese conocimiento puede transformarse en una solución adoptable, financiable y escalable.

La brecha no siempre es técnica

La academia y la empresa poseen capacidades que pueden complementarse. El problema es que suelen medir el éxito de manera diferente.

Mientras el investigador se pregunta si el resultado es novedoso, riguroso y publicable, la empresa necesita responder otras preguntas:

  • ¿Qué problema resuelve?
  • ¿Cuánto cuesta implementarlo?
  • ¿Qué impacto puede generar?
  • ¿Qué riesgos implica?
  • ¿Cuánto tiempo tardará en producir resultados?

No es que la empresa no valore la ciencia. Necesita comprenderla dentro de su propia realidad.

Una característica técnica no es todavía una propuesta de valor

Pensemos en un ejemplo.

Un grupo de investigación desarrolla un material con una resistencia térmica un 20 % superior a la de las alternativas tradicionales. Desde el punto de vista científico, el resultado puede ser relevante y publicable.

Pero para una empresa, ese dato solo adquiere valor cuando puede traducirse en preguntas más concretas:

¿La mayor resistencia extiende la vida útil de una pieza?

¿Reduce los mantenimientos o las paradas de producción?

¿Permite trabajar en condiciones que hoy limitan el proceso?

¿Disminuye costos o riesgos?

La característica técnica explica qué hace la tecnología. La propuesta de valor explica por qué debería importarle a una empresa.

El verdadero reto es aprender a traducir

Cuando existe la intención de llevar una tecnología al sector productivo, no basta con desarrollarla y después preguntarse quién podría comprarla.

Resulta más efectivo identificar desde etapas tempranas qué problema podría resolver, quién lo experimenta y qué tendría que demostrarse para facilitar su adopción.

Esto implica cinco acciones fundamentales:

  1. Comenzar la conversación desde el problema.
  2. Traducir los resultados técnicos a resultados empresariales.
  3. Priorizar un caso de uso concreto.
  4. Conversar con las empresas antes de terminar el desarrollo.
  5. Hacer visibles los riesgos y lo que todavía falta por validar.

No se trata de convertir a los investigadores en vendedores ni de reducir la ciencia a un discurso comercial. Se trata de construir un lenguaje común que permita conectar el conocimiento científico con decisiones empresariales reales.

Entre la investigación y la empresa debe existir un puente

En este proceso, las Oficinas de Transferencia de Resultados de Investigación —OTRI— cumplen un papel fundamental.

Su mayor valor no está únicamente en gestionar patentes o contratos. También pueden ayudar a convertir resultados científicos en aplicaciones, necesidades empresariales en retos de investigación y tecnologías tempranas en rutas de validación.

Ese es el papel que busca desempeñar Cientech: conectar la investigación con la innovación empresarial mediante la cocreación y la transferencia.

En nuestro nuevo artículo analizamos por qué tantas tecnologías permanecen en los laboratorios y presentamos cinco estrategias para que investigadores y docentes puedan acercar sus desarrollos al sector empresarial.

Porque la ventaja no está solamente en producir conocimiento.

La ventaja está en traducirlo, conectarlo y convertirlo en soluciones con impacto.

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