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Antes de construir: ¿qué deberíamos validar realmente?

Autor: Fernando Escobar – Líder Metodológico

Una empresa identifica una necesidad y comienza a buscar una solución. Un emprendedor tiene una idea que considera prometedora. Un equipo de investigación desarrolla una tecnología y luego se pregunta dónde podría aplicarla.

Los tres parten de lugares diferentes, pero enfrentan el mismo riesgo: avanzar demasiado rápido sin comprobar que existe una relación real entre el problema, la solución y las personas u organizaciones que tendrían que adoptarla.

Una solución puede funcionar técnicamente y responder a un problema poco relevante. También puede existir un problema real, pero estar mal entendido, afectar a otro tipo de usuario o tener una causa distinta de la que imaginamos.

Por eso, antes de construir, conviene detenerse en una pregunta sencilla: ¿qué sabemos realmente y qué seguimos suponiendo?

Se puede comenzar por el problema o por la solución

Algunos procesos de innovación comienzan con una necesidad del mercado. Este enfoque, conocido como market pull, busca comprender un problema y desarrollar una respuesta adecuada.

Otros comienzan con una tecnología, un producto, un servicio o una capacidad que ya existe. Son enfoques technology push, product push o service push: primero se identifica lo que la solución puede hacer y después se exploran los usuarios, contextos o situaciones en los que podría generar valor.

Ninguna ruta es incorrecta por sí misma.

El error no está en comenzar con una solución. Está en asumir que, porque algo funciona o ya fue desarrollado, también tiene un mercado o resuelve un problema suficientemente importante. Tampoco basta con que una persona o empresa manifieste una necesidad: puede tratarse de un síntoma, una preferencia o una situación poco prioritaria.

Ambos caminos deben encontrarse en un mismo punto: una hipótesis clara sobre quién experimenta el problema, cuándo ocurre, por qué importa y cómo una solución podría producir un resultado mejor. 

Cuatro validaciones antes de avanzar

En muchos proyectos se habla de «validar la idea» como si bastara con realizar algunas entrevistas, aplicar una encuesta o construir un prototipo. Sin embargo, avanzar con mayor certeza exige comprobar cuatro aspectos distintos: el problema, la solución, la adopción y la sostenibilidad.

La primera validación es la del problema. Debemos comprobar si realmente existe, con qué frecuencia ocurre, qué consecuencias genera y si comprendemos suficientemente sus causas.

La segunda es la validación de la solución. Aquí buscamos demostrar si la propuesta mejora la situación, funciona bajo las condiciones esperadas, resulta usable y es técnicamente viable.

La tercera es la validación de la adopción. Una solución puede funcionar y, aun así, no ser utilizada. Por eso, también debemos comprobar si las personas o las organizaciones pueden integrarla en sus procesos, capacidades y rutinas.

La cuarta es la validación de la sostenibilidad. Finalmente, necesitamos verificar si existe una ruta viable para mantenerla en el tiempo: quién toma la decisión, quién paga o financia, cómo se entrega y qué recursos requiere.

Estas cuatro validaciones responden preguntas diferentes. Una prueba de concepto no demuestra que exista un mercado. Una entrevista positiva no prueba disposición a pagar. Un piloto exitoso tampoco garantiza adopción o escalabilidad.

Además, no ocurren una sola vez ni avanzan siempre en línea recta. Cada nuevo atributo, funcionalidad, segmento, caso de uso o condición de implementación puede introducir supuestos distintos y obligar a revisar nuevamente el problema, la solución, la adopción y la sostenibilidad. Validar es un proceso cíclico: se aprende, se ajusta y se vuelve a probar antes de comprometer recursos mayores.

Del síntoma a una hipótesis comprobable

Una queja, una caída en las ventas, un retraso operativo o un aumento de los costos pueden ser apenas síntomas.

Herramientas como los cinco porqués, el diagrama de Ishikawa o los mapas causales ayudan a explorar posibles explicaciones. Sin embargo, no demuestran automáticamente cuál es la causa raíz.

El siguiente paso es convertir el problema en una hipótesis que pueda contrastarse con evidencia. Una estructura sencilla sería:

Para [actor] en [contexto], ocurre [situación observable] con [frecuencia], genera [consecuencia] y es lo suficientemente relevante como para que [acción o compromiso esperado].

Esta formulación permite investigar el problema sin convertir la solución deseada en una conclusión anticipada.

Cada herramienta responde una pregunta distinta

Las entrevistas ayudan a comprender cómo las personas describen la situación y qué alternativas utilizan. La observación permite contrastar esas respuestas con lo que realmente sucede.

Los mapas de experiencia o de recorrido ayudan a organizar momentos, actores y fricciones, pero no generan evidencia por sí solos.

Los cinco porqués o el diagrama de Ishikawa permiten construir hipótesis sobre las causas, que después deben contrastarse con datos u observaciones.

Las encuestas y los registros operativos ayudan a estimar la frecuencia, la magnitud y las consecuencias del problema.

Finalmente, las pruebas de compromiso ofrecen señales más fuertes de relevancia. Una persona o empresa que entrega datos, asigna tiempo, permite acceder a sus procesos, financia un piloto o compromete presupuesto demuestra algo diferente a quien simplemente afirma que la idea le parece interesante.

Una validación sólida combina lo que las personas dicen, lo que realmente hacen, las causas que explican la situación y los recursos que están dispuestas a comprometer.

El objetivo no es tener razón, sino aprender

Antes de realizar un experimento, el equipo debería definir qué resultado respaldaría su hipótesis, cuál obligaría a modificarla y qué evidencia llevaría a rechazarla.

La pregunta más útil puede ser esta:

¿Qué supuesto, si descubrimos que no es cierto, nos obligaría a detenernos o cambiar de rumbo?

Un resultado negativo no significa necesariamente que el experimento haya fracasado. Puede significar que evitó meses de trabajo e inversión en una dirección equivocada.

Cada aprendizaje abre nuevas preguntas. Por eso, el ciclo debe repetirse siempre que una decisión cambie de manera relevante la propuesta o el contexto en el que se espera implementar.

En CienTech acompañamos a emprendedores, empresas, investigadores y organizaciones a transformar necesidades, ideas y capacidades tecnológicas en hipótesis comprobables, experimentos útiles y decisiones mejor sustentadas.

Porque innovar no consiste en defender una idea. Consiste en aprender lo suficiente para saber cuándo avanzar, cuándo ajustar y cuándo cambiar de dirección.

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